Olivar de montaña: el cultivo del olivo en altitud

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Si hay algo que describe bien al olivar de montaña cultivado en Barx es la altitud. Nuestra población se sitúa a 325 metros sobre el nivel del mar, lo cual es sorprendente ya que nos encontramos a tan solo 14 kilómetros por carretera de la playa más cercana. Todo lo que se puede ver al alzar la vista son majestuosas montañas que se elevan en todas las direcciones.

Cultivar olivos tan cerca de las nubes tiene muchas complicaciones, como bien se puede imaginar. El terreno es escarpado y se divide en bancales o terrazas que nos permiten, con mayor o menor dificultad mantener los olivos, aunque a la mayoría de ellos es imposible acceder con maquinaria agrícola.

Las terrazas agrícolas en el cultivo del olivo en el mediterráneo

Por razones obvias, es imposible hablar del olivo de montaña sin hablar de las terrazas agrícolas, o como se conocen en nuestra zona, de los bancales. La agricultura en los paisajes montañosos ha ido siempre ligada a este tipo de adecuación del suelo, ya que, a pesar de que existen otros modos de cultivo en montaña, este es el preferido en el Mediterráneo. De hecho, esta tradición agraria se remonta en España a la Edad de Bronce, siendo habitual también en tantos otros países mediterráneos (Italia, Grecia, Turquía, etc), e incluso en el continente americano, un claro ejemplo lo encontramos en la Cordillera de los Andes, o en Asia, como sucede en el Himalaya.

Sin embargo, a partir de los años 60 los bancales se han ido abandonando de manera progresivo en todo el territorio español debido al bajo rendimiento económico de los cultivos. Esto ha llevado a un deterioro de esas zonas que se han visto invadidas por la maleza, lo que supone un deslustre a nivel paisajístico y un importante riesgo para la propagación de incendios. Tanto es así, que una de las principales razones que nos han llevado a luchar por recuperar olivos abandonados en nuestra zona, ha sido contribuir a la prevención de incendios que constantemente nos amenazan, así como la defensa de nuestro patrimonio. La limpieza del monte y de los terrenos adyacentes es una tarea imprescindible para minimizar los riesgos de los incendios forestales.

Por otro lado, los bancales han jugado un papel relevante en el desarrollo rural y económico de zonas montañosas. Por tanto, el abandono de los bancales tiene importantes implicaciones que van más allá de las puramente ecológicas, tal y como se ha reflejado en diversos estudios, uno de los más recientes el titulado “Los bancales en las montañas españolas: un paisaje abandonado y un recurso potencial”, realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de La Rioja y el Instituto Pirenaico de Ecología. En dicho estudio se analizan las importantes funciones que realizaban los bancales y que pueden seguir realizando si se mantienen, tal y como hacemos en Oliveres Vives.

Antes y después de la limpieza de un bancal de olivos

El olivar de montaña aterrazado y el desarrollo sostenible

No vamos a profundizar en la importancia que tuvieron los bancales en el pasado, sino a destacar su importancia en la actualidad y por qué creemos que es tan importante que se conserven activos en el olivar de montaña.

Paisaje diverso

El aterrazamiento forma parte del paisaje mediterráneo y sus miles de años de historia lo han convertido en un símbolo de nuestra cultura. Aunque existen otros modos de cultivo montañoso como los campos en pendiente, no hay duda de que las terrazas son un elemento visual que evoca mediterraneidad.

 

Conservación de suelos

El abancalado del terreno ayuda a controlar la pérdida de suelo por escorrentía. Bien es sabido que cuando en la Comunidad Valenciana llueve lo hace mayoritariamente de forma torrencial. Este tipo de lluvias pueden degradar mucho los suelos. El terraceo del suelo agrícola ayuda a frenar los desprendimientos y a retener la tierra.

 

Atractivo turístico

La conservación de los bancales embellece el paisaje, ya que eliminamos las zarzas que ocultan los olivos centenarios que hay en nuestras montañas de Barx. Todo esto nos ayuda a poner en valor el patrimonio agrícola de montaña que es apreciado por personas con interés por el turismo rural y ecológico.

 

Recuperación de sendas de montaña

La zona de Barx es muy apreciada por las rutas de senderismo. Sin embargo, el abandono de los olivos en la montaña ha llevado a que muchos de esos caminos hayan quedado ocultos o con difícil acceso durante mucho tiempo.

La limpieza de los olivares ayuda a mantener las sendas despejadas para los senderistas que nos visitan desde todos los puntos del país.

 

Baja polución y diversidad 

Como hemos dicho, hablar de bancales implica hablar del cultivo en la montaña en un terreno abrupto. En el caso del olivar, que es el que nos ocupa, el hecho de que crezca en una zona alta y montañosa nos ofrece una rica biodiversidad y deja muy lejos la polución de las ciudades.

Los olivos de montaña se enfrentan a condiciones climáticas más extremas que los olivos cultivados en terrenos llanos. La altitud, la exposición al viento y la variabilidad de temperaturas son factores que impactan en el desarrollo de los árboles y, a su vez, en la calidad de los frutos.

 

Desafíos del cultivo del olivo en la montaña

Como se puede observar, nuestro olivar en Barx es el escenario idóneo para producir olivas de alta calidad en un paisaje que es un tesoro oculto entre montañas. 

No obstante, los costes del trabajo de campo en una zona escarpada son muy elevados, ya que la mecanización es casi nula. Esto afecta directamente a la rentabilidad y competitividad de la producción de nuestro aceite de oliva virgen extra. Es por ello que nuestra única manera de conservar este olivar centenario en un enclave único es el apadrinamiento. Los padrinos de Oliveres Vives son personas que quieren aportar su granito de arena para preservar este importante patrimonio ecológico y social, luchando así también contra la despoblación de las zonas rurales que tanto nos afecta en España.

Sin lugar a dudas, mantener el olivar de montaña es crucial para conservar la riqueza cultural, paisajística y medioambiental, pero también para proteger la economía rural.

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